SOCIEDAD DE REDES
En un mundo que ha duplicado sus conocimientos en veinte años, que ha triplicado su población en un siglo y que ahora transmite información en una fracción de segundo, el cambio es inevitable. Nos corresponde a nosotros adaptarnos a él y conocerlo. Pero para hacerlo tendremos que ser creativos.
En el universo de la producción ya lo somos, y por un simple motivo, y es que nuestra organización hace un llamamiento a los principios de la autoorganización. Cada entidad define su identidad, busca su estrategia dentro de la singularidad para escaparse de las leyes de la competencia, e intercambia y se comunica con sus clientes, proveedores y terceros útiles para su producción dentro de una total interactividad en el seno de un sistema de intercambio económico llamado mercado, en el cual ciertas leyes son los incentivos invisibles que todas las formas de autoorganización precisan.
El espíritu humano reúne sus dimensiones en una nueva interacción entre los dos hemisferios del cerebro, las máquinas y los contextos sociales. Pese a toda la ideología de la ciencia ficción y el entusiasmo comercial que rodea la emergencia de la llamada superautopista de la información, difícilmente podamos subestimar su significación.
Para favorecer esta necesidad de ser, aparte de inventar paraísos artificiales, tenemos que desarrollar la comunicación interactiva de individuo a individuo. Gracias a ella podemos remitirnos a los otros para apreciar nuestros puntos en común y nuestras peculiaridades. Para ello es preciso un lugar y un momento comunes de encuentro. Es esta necesidad la que ha llevado a la construcción de las ciudades; la que ha provocado un aumento incontenible de los transportes cada vez más rápidos y el entusiasmo actual por las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación; pero la rapidez de transmisión de la información y la potencia de su acumulación hace explotar el principio del lugar y del momento comunes. Gracias a los industriales, el soporte de la comunicación evoluciona, la información se digitaliza, la imagen y el sonido se virtualizan, y la comunicación, gracias a estos nuevos soportes, se puede multiplicar, diversificar y densificar. De todos modos, la comunicación es algo más que un soporte, son seres que necesitan emitir, escuchar, sentirse atraídos por la diversidad, sentirse tranquilizados por la visión común. Es pues en este campo de la puesta en relación societaria y del imaginario cultural en donde se fundamenta el uso de la comunicación, el uso de estas nuevas tecnologías. Es aquí donde reside la complementariedad de los mundos que chocan entre sí para imponer su supremacía.
Los nuevos medios de comunicación determinan una audiencia segmentada, diferenciada, que, pese a ser masiva en términos de números, no es más una audiencia masiva en términos de simultaneidad y uniformidad del mensaje que reciben. Los nuevos medios no son más medios masivos en el sentido tradicional que implica enviar un número limitado de mensajes a una audiencia masiva homogénea. A raíz de la multiplicidad de mensajes y emisores, la audiencia misma se vuelve más selectiva. La audiencia buscada tiende a elegir los mensajes, profundizando así la segmentación, aumentando la relación individual entre el emisor y el receptor.
La tecnología actual de la información y de la comunicación transforma profundamente el soporte con el cual nos había dotado la naturaleza; aumenta para todos aquellos que la utilizan el campo informacional y se ensancha el espacio relacional. Vuelve más complejo el juego interrelacional; favorece las recursividades; modela nuestra visión del futuro inmediato y gracias a los hipertextos aporta una capacidad metafórica suplementaria indispensable a toda creatividad. Desde este momento comprenderemos que las fuerzas económicas dominantes, fuerzas de intercambio por excelencia, apuesten por estas tecnologías para asegurar su hegemonía. Saben que, cada vez que podemos rechazar los límites de la naturaleza, nuestro cuerpo la reclama para permitirnos vivir mejor y da, además, un sentido a la vida por el mero hecho de crear.
La universalidad del lenguaje digital y la misma lógica interconectiva del sistema de comunicaciones crearon las condiciones tecnológicas para una comunicación horizontal y mundial. Inclusive, la arquitectura de esta tecnología de red es tal que es muy difícil censurarla o controlarla. La única manera de controlar la red es no estando en ella, y este precio se vuelve muy alto para cualquier institución u organización una vez que la red se difunde y canaliza todo tipo de información alrededor del mundo.
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